La UNAM enfrenta un desafío grave en sus instalaciones de Ciudad Universitaria debido a fugas que representan la pérdida de un porcentaje muy alto del agua que se distribuye en sus edificios. Ante esta situación, la institución lanzó un plan para detectar y reparar estas fallas, con el fin de evitar el desperdicio y optimizar el consumo en un contexto de escasez y costos crecientes.
Las filtraciones corresponden a casi el 84% del suministro total en estos espacios, una cifra que refleja las deficiencias en la infraestructura hidráulica. La universidad ha comenzado a identificar los puntos críticos donde se generan las mayores fugas y ha establecido prioridades para intervenir con mantenimiento y renovaciones urgentes. Este esfuerzo también incluye la educación en el uso responsable del agua por parte de la comunidad universitaria.
El problema no solo afecta a las instalaciones principales, sino también a las áreas académicas y administrativas que forman parte del campus. La UNAM busca implementar tecnologías que permitan el monitoreo constante del flujo y detectar pérdidas a tiempo. Adicionalmente, promueve campañas para fomentar el ahorro entre estudiantes y personal, y así reducir el impacto ambiental y económico.
Este enfoque integral para enfrentar las pérdidas de agua se suma a las acciones nacionales para la conservación del recurso y pone en evidencia la necesidad de actualizar los sistemas de distribución en grandes recintos educativos y culturales. La UNAM reconoce que esta medida es urgente y busca ser un ejemplo para otras instituciones que también enfrentan retos similares.

