Ante la creciente evidencia científica sobre los beneficios del papel y el lápiz, seis países europeos han decidido revertir el dominio de las herramientas digitales en la educación básica y priorizar el uso del libro impreso y la escritura a mano. Esta medida busca fortalecer la memoria, la concentración y la comprensión profunda en los estudiantes, aspectos que, según estudios, se ven afectados por el consumo excesivo de textos digitales.
Suecia lideró este cambio en 2023 al cancelar la entrega de tabletas electrónicas en escuelas y redirigir fondos públicos hacia la adquisición de libros impresos. Dinamarca siguió un camino similar, invirtiendo cientos de millones en la sustitución del material digital por textos físicos, además de planear la prohibición de teléfonos móviles en las aulas para 2027. Por su parte, Francia e Italia aplican restricciones para evitar el uso de dispositivos móviles desde los primeros niveles de educación, mientras que Noruega y Finlandia también mantienen limitaciones estrictas desde 2024, con Noruega alcanzando que casi la totalidad de sus escuelas primarias liberen a los estudiantes de dispositivos en el aula.
Los fundamentos científicos que respaldan este giro incluyen estudios del Instituto Karolinska de Suecia, que señalan que la lectura impresa mejora la memoria espacial y la retención a largo plazo, a diferencia de la lectura en pantallas, que favorece un “escaneo rápido” perjudicial para el análisis crítico. Además, la escritura manual activa simultáneamente áreas cerebrales vinculadas con el movimiento, la visión y la memoria, acción que no se replica con el uso del teclado. El uso excesivo de tecnología también genera distracción y fatiga visual, factores que afectan el rendimiento en clase. Aunque la tecnología no desaparecerá del entorno escolar, estos países la relegan a un papel complementario, evitando que sea la base de la educación primaria.

