Un calendario lunar descubierto en las ruinas de Monte Albán, en Oaxaca (México), ha reescrito la historia de los sistemas de medición del tiempo en Mesoamérica. Investigadores de la Universidad de Albany y SUNY Plattsburgh lograron descifrar un jeroglífico zapoteca identificado como el "Glifo W", que detallaba la edad exacta de la luna en cada evento registrado. Esta evidencia coloca a los zapotecas como creadores del calendario lunar más antiguo conocido en la región, con una antigüedad que supera en 857 años al calendario más antiguo asociado a la civilización maya.

El "Glifo W", presente en estelas y tabletas en Monte Albán desde su identificación en 1928, fue hasta ahora un misterio para los estudiosos. Tras descartarse varias hipótesis, el análisis detallado reveló que este símbolo indicaba cuántas tardes habían transcurrido desde la luna nueva, siguiendo un ciclo de lunación de 29,53 días. De este modo, los zapotecas registraban con precisión la fase lunar en distintos acontecimientos históricos clave.

Para alcanzar esta conclusión, los investigadores estudiaron siete inscripciones bien preservadas que combinaban fechas calendáricas con el "Glifo W". Mediante la comparación de los números asociados a este glifo con ciclos astronómicos y miles de simulaciones matemáticas, lograron confirmar que las fechas coincidían con los períodos lunares reales. Esto permitió ubicar con precisión eventos históricos comprendidos entre los años 496 y 221 antes de Cristo, fechando registros muchos más antiguos de lo que se creía posible en América prehispánica.

Este descubrimiento, publicado en la revista Latin American Antiquity, no solo resalta la avanzada comprensión que los zapotecas tenían del tiempo y los ciclos astronómicos, sino que además resuelve un enigma arqueológico de casi un siglo relacionado con Monte Albán. La identificación del calendario lunar más antiguo de Mesoamérica redefine la cronología de las primeras civilizaciones mexicanas y su relación con la astronomía.