En un mundo dominado por dispositivos uniformes y sellados, los cyberdecks irrumpen como una alternativa diseñada y ensamblada por usuarios para usuarios, recuperando la autonomía sobre el hardware y software. Estos ordenadores, inspirados en la ficción cyberpunk, representan una respuesta directa al control corporativo que dificulta las reparaciones, las modificaciones y obliga a actualizaciones constantes e indiscriminadas.

El término “cyberdeck” tiene su origen en la novela Neuromancer de William Gibson, publicada en 1984, donde aparece como un dispositivo de acceso a la “Matrix”. En esa historia, los cyberdecks eran máquinas artesanales, con cables y piezas personalizadas que capturaron la imaginación de los entusiastas de la tecnología. Este concepto inspiró a la comunidad maker a replicarlos en la realidad mediante componentes modernos y accesibles.

El movimiento maker comenzó a popularizar los cyberdecks entre 2018 y 2022, con concursos y desafíos como los de Hackaday, que fomentaron la experimentación y difusión de estos proyectos. La verdadera expansión se dio cuando creadores comenzaron a compartir en redes sociales videos cortos que mostraban todo el proceso, desde el diseño en impresión 3D hasta el encendido del sistema, generando gran interés en plataformas como TikTok.

Contrario a lo que podría pensarse, montar un cyberdeck no exige una inversión exorbitante ni conocimientos técnicos especializados. El corazón de estos dispositivos suele ser una Raspberry Pi, una microcomputadora económica y versátil. Por ejemplo, una Raspberry Pi Zero 2W puede costar menos de 20 euros, y añadirle una batería portátil como la PiSugar 3 ronda otros 25 euros. Si se dispone de impresora 3D para fabricar la carcasa, el gasto en pantalla y teclado puede mantenerse por debajo de los 100 dólares.

Para quienes buscan mayor potencia, la Raspberry Pi 5 ha abierto nuevas posibilidades al convertir estos cyberdecks en máquinas capaces de manejar tareas exigentes como programación avanzada o gestión de archivos pesados. Proyectos destacados como el Recovery Kit de Jay Doscher, un ordenador resistente a pulsos electromagnéticos que integra almacenamiento NVMe, muestran el potencial de estos equipos para usos profesionales y extremos.

La popularización de los cyberdecks obedece a tres factores clave: la búsqueda de independencia tecnológica frente a fabricantes, la facilidad para acceder a hardware modular y económico, y la viralización del movimiento en redes sociales, donde se exhibe el proceso creativo con gran detalle. Así, los usuarios no solo adquieren un producto, sino que también participan de una cultura que valora la personalización, la reparación y la creatividad.