El nombre de Meryl Streep está vinculado a algunos de los papeles más memorables del cine contemporáneo, pero su llegada a la pantalla estuvo marcada por un acto de azar convertido en decisión. Cuando Mary Louise Streep tenía una entrevista programada para matricularse en una facultad de Derecho—buscaba ser abogada ambientalista—se quedó dormida. En lugar de verlo como un fracaso, interpretó el suceso como una señal y reorientó su vida hacia la Escuela de Arte Dramático de Yale, iniciando así el camino que la llevaría a transformar el cine.

Sus primeros encuentros con la industria no fueron de alfombra roja. El megaproductor Dino De Laurentiis la rechazó de manera brutal para el remake de King Kong: tras verla, le preguntó a su hijo en italiano por qué le traía a alguien tan fea. Streep entendía el idioma y respondió con ingenio: "Siento mucho no ser lo suficientemente bella para King Kong". Se marchó llorando, pero mantuvo su tabique desviado y su dignidad intacta.

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Durante la producción de Kramer contra Kramer, Streep cuestionó directamente la construcción del personaje femenino en una reunión con el guionista Robert Benton, el productor Stanley Jaffee y Dustin Hoffman. Argumentó que la mujer estaba escrita desde una perspectiva masculina y carecía de autenticidad. Benton rehizo el personaje completo y le permitió redactar sus propios diálogos en dos escenas cruciales, algo que Hoffman inicialmente no apoyaba.

Con similar determinación, Streep se apropió del proyecto de La decisión de Sophie en 1980. Tras enterarse de que el director Alan J. Pakula estaba trabajando con Ursula Andress, obtuvo una copia pirata del guion y se presentó en la residencia del realizador sin detenerse hasta desplazar a la actriz competidora. La escena clave de Auschwitz la filmó en una sola toma y se negó a repetirla por ser "extremadamente dolorosa".

En Música del corazón, donde interpretaba a la violinista Roberta Guaspari, Streep practicó seis horas diarias durante ocho semanas para dominar el violín. Durante el rodaje junto a Isaac Stern e Itzhak Perlman, dos de los grandes violinistas de la historia, Wes Craven presenció cómo ambos la observaban asombrados mientras tocaba.

Las críticas sobre su técnica persistieron. Katharine Hepburn, una de sus ídolos, la calificó de "demasiado intelectual y demasiado dependiente de la técnica". En contraste, Bette Davis le escribió: "Eres mi sucesora". En 2017, durante el movimiento #MeToo, Rose McGowan la cuestionó por haber trabajado con Harvey Weinstein sin oposición pública. Streep respondió que no tenía conocimiento de los abusos.

El primer día de El diablo se viste de Prada, Streep se acercó a Anne Hathaway y le dijo algo que sintetiza su estilo: "Creo que eres perfecta para el papel y estoy muy feliz de trabajar juntos. Ésta ha sido la última cosa buena que te voy a decir".