Costa Rica mostró una imagen externa de transición institucional ordenada durante la toma de posesión de Laura Fernández como nueva presidenta, en un acto multitudinario celebrado en el Estadio Nacional. Sin embargo, detrás del protocolo se esconde un arreglo político poco común: el expresidente Rodrigo Chaves abandona formalmente el cargo, pero conserva un papel central en el poder.

Laura Fernández, de 39 años y mano derecha de Chaves durante buena parte de su gestión, recibió el respaldo del líder saliente, cuya popularidad sigue siendo alta en la región a pesar de la violencia asociada al narcotráfico y las críticas por una supuesta deriva autoritaria. Felipe VI, rey de España, asistió a la ceremonia y mantuvo encuentros con ambos dirigentes así como con la comunidad española local, acompañando en este viaje a la secretaria de Estado para Iberoamérica en lugar del ministro de Asuntos Exteriores, quien estaba en funciones legislativas.

El singular relevo radica en que Chaves asumirá simultáneamente los ministerios de Hacienda y Presidencia, carteras que le permitirán controlar la política económica, la relación con el Parlamento y gran parte de la agenda ejecutiva diaria. Así, aunque Fernández es la presidenta formal, el expresidente seguirá siendo la figura dominante desde el denominado "Gobierno de continuidad".

Chaves, economista de perfil directo y discurso confrontativo, estrechó vínculos con figuras como Donald Trump y Binyamin Netanyahu y construyó un liderazgo basado en la confrontación con partidos tradicionales, medios de comunicación y sectores judiciales. El arriesgado experimento político apunta a mantenerlo en el núcleo del poder mientras la ley le impide volver a la presidencia hasta 2034.