El reciente discurso de Claudia Sheinbaum en el Monumento a la Revolución centró su mensaje en la defensa de la soberanía nacional, señalando supuestas presiones y tentativas de injerencia desde sectores conservadores de México y Estados Unidos. Aunque la mandataria evitó nombrar directamente a figuras específicas como Donald Trump, insistió en la idea de un intento externo por influir en la vida política mexicana.

Este pronunciamiento fue visto por la oposición como un recurso político para blindar a aliados de Morena, especialmente ante investigaciones internacionales que vinculan a algunos funcionarios con redes criminales. La dirigencia del PRI acusó que esta narrativa busca ocultar esos señalamientos y deslegitimar cuestionamientos legítimos. Por su parte, el PAN criticó el uso del discurso soberanista para desqualificar a adversarios y defendió la cooperación internacional como necesaria para enfrentar organizaciones criminales transnacionales.

La controversia también se agudizó por una propuesta oficial que pretendía permitir la anulación de elecciones, en caso de detectarse injerencias extranjeras. Aunque esta iniciativa fue retirada, generó preocupación entre especialistas y opositores, quienes alertaron sobre el riesgo de que un concepto tan ambiguo sirviera como instrumento para perseguir adversarios políticos o invalidar resultados electorales. Este conflicto se enmarca en un contexto de creciente concentración del poder, tras una reforma judicial que modificó la conformación del Poder Judicial, criticada como una maniobra para capturar el último contrapeso institucional.