Estados Unidos rechazó las reformas económicas presentadas recientemente por Cuba, calificándolas como insuficientes y con poco impacto real para transformar el modelo económico de la isla. Un portavoz norteamericano señaló que las medidas, aunque representan un avance, son modestas y llegan tarde ante los desafíos que enfrenta el país.

El paquete cubano consta de un amplio programa con más de 170 medidas destinadas a abrir la economía y hacer frente a la presión financiera internacional, además del bloqueo petrolero que limita severamente el suministro energético en la isla. Analistas consideran este conjunto como el cambio más profundo desde la instauración del comunismo en Cuba, hace casi setenta años.

A pesar de este reconocimiento, desde Washington se ve el anuncio con escepticismo. Según un funcionario estadounidense, estas reformas forman parte de una estrategia recurrente del gobierno cubano para proyectar una imagen de cambio sin implementar transformaciones definitivas que puedan amenazar el control político del régimen. La crítica se centra en que las medidas podrían revertirse en cuanto se perciba una amenaza a la autoridad vigente.

El Departamento de Estado señaló que Cuba requiere reformas económicas y políticas más radicales, que no solo atraigan inversiones sino que garanticen derechos fundamentales y mejoras concretas para la población. El gobierno estadounidense insistió en que, para superar la crisis actual, la isla necesita abrirse no solo en lo económico sino también en lo político y social.

La tensión entre Washington y La Habana se ha intensificado en los últimos meses, en un contexto marcado por cambios en la región, como la caída del presidente venezolano Nicolás Maduro. Venezuela era un aliado clave de Cuba y el principal proveedor de petróleo, factor que complica aún más la recuperación económica de La Habana.