Luna Jazmín Miqueo Cuello, una niña de seis años, murió tras resbalar en el patio de la Escuela Primaria Islas Malvinas y golpearse la cabeza contra una banca, lo que le causó una grave lesión en el cráneo. Ante la irreparable pérdida, sus padres transformaron el dolor en un acto de generosidad: decidieron donar sus órganos para que otras personas con enfermedades graves pudieran tener una segunda oportunidad de vida.

En una carta escrita por Ricardo Miqueo, padre de Luna, pidió que su hija sea recordada "por su vida, no por su final". El padre describió a la pequeña como una niña profundamente alegre, ocurrente y llena de amor, con una forma única de mirar el mundo caracterizada por dulzura y generosidad. Según Miqueo, Luna disfrutaba jugar, reír y compartir, tenía la capacidad especial de hacer sentir bien a los demás y poseía una fe que formaba parte esencial de su forma de amar y dar.

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En medio del dolor, la familia decidió que la historia de Luna también fuera una oportunidad de vida para otros. Ricardo Miqueo agradeció la intervención de los médicos que atendieron a su hija y realizó un llamado a las autoridades de la escuela para que implementen mayores medidas de seguridad dentro del plantel educativo, con el fin de evitar tragedias similares.