El vuelo 3599 de Envoy Air, filial de American Airlines, aterrizó el jueves en el aeropuerto internacional de Maiquetía, a 30 kilómetros de Caracas. La aeronave provenía de Miami con ejecutivos, representantes del gobierno de Donald Trump, periodistas y otros pasajeros a bordo. El arribo marca el fin de siete años de ausencia en conectividad directa entre ambos países.
El piloto recibió la ruta con el bautismo de agua tradicional para nuevas conexiones y asomó una bandera de Venezuela por la ventana del avión entre los aplausos de operadores aéreos. John Barrett, jefe de la misión diplomática estadounidense en Caracas, celebró el regreso de esta frecuencia como un paso fundamental para acelerar la inversión. "El día de hoy marca otro hito histórico entre las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela", afirmó Barrett a la prensa momentos después de que la comitiva descendiera sonriente del avión.
American Airlines operaba vuelos hacia Venezuela desde 1987 y era la mayor aerolínea estadounidense en el país antes de la suspensión en 2019. Aquella interrupción ocurrió cuando Washington rompió sus relaciones diplomáticas con Caracas. El restablecimiento de vínculos entre ambas naciones se concretó en marzo, tras el derrocamiento de Maduro en enero durante una intervención militar estadounidense. Desde entonces, Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, asumió el gobierno de forma interina.
Entre los pasajeros figuraba Bárbara Centeno, quien viajaba hacia Miami tras realizar procedimientos médicos en Venezuela. "La posibilidad de viajar sin escala realmente es algo valioso", destacó la profesional de recursos humanos de 36 años, quien antes debía hacer conexiones por Panamá o Bogotá. Oscar Fuentes, abogado de 64 años, describió el regreso de vuelos directos como "maravilloso" por el ahorro de tiempo y estrés.
La ministra de Transporte venezolana, Jaqueline Faria, proyectó recibir más de 100.000 pasajeros anuales en esta ruta, con un promedio de entre 7.200 y 8.000 viajeros mensuales, en tanto más aerolíneas se sumen a operar en el país. El gobierno de Rodríguez reformó su ley petrolera y promulgó nueva normativa minera para atraer capital privado en una nación con las mayores reservas de crudo del mundo.

