Australia implementó medidas más estrictas que prohíben a los menores el acceso a redes sociales, además de aumentar considerablemente las multas para las empresas tecnológicas que no cumplan con esta legislación. Esta decisión responde a la creciente preocupación por el impacto negativo de estas plataformas en la salud mental de los jóvenes.

La normativa, vigente desde hace varios meses, establece un marco legal más riguroso que busca proteger a los menores de edad de los riesgos asociados al uso excesivo o inadecuado de redes sociales. Además, el aumento en las sanciones pretende incentivar a las compañías a adoptar políticas más efectivas y controles que restrinjan el acceso de usuarios menores a los 18 años.

Estas regulaciones forman parte de una tendencia global para controlar los efectos dañinos que el contenido y la interacción en redes sociales pueden generar en la población joven. La experiencia australiana ha sido tomada como modelo por varios países que enfrentan desafíos similares en cuanto a la salud mental vinculada a la tecnología.