Funcionarios de seguridad estadounidense realizaron una inspección en el llamado “muro flotante” ubicado en Brownsville, Texas, que consiste en una serie de barreras instaladas sobre el río Bravo para impedir el paso ilegal hacia Estados Unidos. Esta estructura forma parte de un proyecto que pretende extenderse hasta cubrir 800 kilómetros a lo largo del río que divide a Texas y México.
La visita estuvo encabezada por el Comisionado Adjunto de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), junto con altos mandos del Departamento de Seguridad Nacional y la Patrulla Fronteriza. Durante el recorrido pudieron observar los sistemas de vigilancia instalados, que incluyen drones y embarcaciones no tripuladas, diseñadas para detectar movimientos en el agua y en las riberas.
De acuerdo con la CBP, la combinación del “muro flotante”, la tecnología de vigilancia avanzada y una mayor presencia de agentes ha contribuido a una notable reducción en las aprehensiones en la región de Brownsville, con una caída significativa en comparación con dos años atrás. Sin embargo, fuentes oficiales reconocen que en los últimos meses las detenciones han comenzado a repuntar en los sectores del Valle del Río Grande y Laredo, aunque sin alcanzar los niveles anteriores
El proyecto de las boyas comenzó a implementarse bajo la administración de Donald Trump y busca reforzar la seguridad fronteriza combinando infraestructura física con tecnología de monitoreo en tiempo real. La CBP remarcó que el elemento principal para sostener esta estrategia sigue siendo la dedicación de su personal en los puntos críticos de la frontera.
En otro incidente vinculado a la seguridad fronteriza, un adolescente estadounidense de 17 años fue arrestado en Laredo por presuntamente traficar con migrantes. La detención se produjo tras una persecución y colisión en la que el joven conducía una camioneta con siete indocumentados a bordo.

