Desde principios de año, la Ciudad de México puso en marcha un modelo renovado para el manejo y separación de desechos en hogares, pero los resultados aún no alcanzan los niveles esperados por las autoridades. La persistente entrega de residuos mezclados dificulta el reúso efectivo y reduce los ingresos generados por la venta de materiales reciclables.

La planta de separación ubicada en Vallejo, Azcapotzalco, es la instalación más avanzada de la ciudad y la única que actualmente genera ingresos significativos a partir del reciclaje, con ventas anuales que alcanzan cerca de 8 millones de pesos. Sin embargo, ese monto es menor al costo del contrato con la empresa encargada de operar la planta. Además, la reducción de residuos enviados a rellenos sanitarios en el Estado de México ha llevado un gasto considerable para la ciudad, cercana a 444 millones de pesos al año.

Expertos señalaron que la mezcla frecuente de residuos orgánicos con inorgánicos, especialmente cartón y papel, contamina estos últimos y disminuye su valor comercial. Por ejemplo, el kilo de cartón limpio puede alcanzar un precio cinco veces mayor que cuando está contaminado con restos húmedos. Este problema también complica la operatividad de la planta, que debe retirar constantemente bolsas plásticas y eliminar residuos incrustados en maquinaria, lo que obliga a realizar mantenimientos nocturnos diarios.

La planta de Azcapotzalco procesa alrededor de mil toneladas diarias provenientes de cuatro alcaldías, de las cuales aproximadamente 300 toneladas se compactan y se envían para su uso en hornos cementeros. El resto se clasifica para su venta a recicladores que participan en subastas semanales, buscando optimizar ingresos.

Cabe señalar que, de las 12 estaciones de transferencia que existen en la Ciudad de México, solo dos han sido modernizadas con tecnología como la de Vallejo. El resto sigue operando con métodos menos eficientes, lo que limita la correcta clasificación y aumenta la cantidad de basura que termina en rellenos sanitarios fuera de la ciudad.

Este escenario evidencia que la cultura de separación de residuos aún enfrenta grandes retos. La medida se impulsó desde el cierre en 2011 del Bordo Poniente, uno de los mayores basureros en la zona, pero la falta de infraestructura moderna y la resistencia ciudadana mantienen rezagos importantes en la gestión de residuos sólidos en la capital.