Un análisis internacional que abarcó a millones de personas de diversos países y continentes determinó que cinco factores medibles a los 50 años pueden anticipar significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y la probabilidad de muerte prematura. Estos indicadores fueron evaluados para estimar su impacto hasta los 90 años, mostrando diferencias claras en la esperanza y calidad de vida según su presencia o ausencia.
Las cinco mediciones clave son la hipertensión arterial, el colesterol no-HDL elevado, la presencia de diabetes o alteración en los niveles de glucosa, el tabaquismo y un índice de masa corporal (IMC) fuera de los rangos saludables. En quienes presentan estos factores, el riesgo acumulado de sufrir enfermedades cardiovasculares aumenta notablemente comparado con quienes no los tienen.
El estudio revela que las mujeres con estos cinco factores a los 50 años enfrentan un riesgo cardiovascular acumulado del 24%, frente al 13% sin ninguno. En los hombres, estas cifras ascienden a 38% y 21%, respectivamente. Además, no presentar estos factores se traduce en un aumento de años libres de enfermedad cardíaca y en mayor longevidad, con diferencias de hasta 14 años más de vida en mujeres y hasta 12 años en hombres.
Cada factor tiene un impacto particular. La presión arterial sistólica elevada es uno de los indicadores más relevantes, mientras que un colesterol no-HDL superior a 130 mg/dL identifica un mayor riesgo asociado a la obstrucción arterial. La ausencia de diabetes o niveles normales de glucosa contribuyen a una vida más saludable. Por otro lado, dejar de fumar entre los 55 y 60 años aporta un notable incremento en la esperanza de vida total. El IMC también juega un papel crucial, vinculándose tanto el sobrepeso como el bajo peso (IMC menor a 20 o igual o superior a 25) con mayor riesgo cardiovascular.
Una conclusión valiosa es que nunca es tarde para modificar estos factores. Cambios realizados entre los 55 y 60 años, especialmente el control de la presión arterial y el abandono del tabaco, generan beneficios significativos en la reducción de riesgo y en la duración de la vida saludable. Sin embargo, el estudio es observacional, por lo que establece asociaciones y no causalidad directa, y no contempló otros determinantes como dieta o actividad física.
Este análisis, publicado en una revista médica de prestigio, destaca la importancia de la prevención cardiovascular mediante la medición y manejo de estos indicadores sencillos pero efectivos, lo que puede guiar políticas y prácticas clínicas para mejorar la salud del corazón a nivel global.

