La creciente aparición de enjambres de abejas en árboles, bardas y terrenos del municipio de Tizimín refleja una crisis profunda en la apicultura local. La baja rentabilidad del negocio, ocasionada por el desplome en los precios de la miel, impulsa a muchos productores a abandonar sus colmenas, lo que a su vez provoca que las abejas busquen nuevos refugios fuera de sus apiarios tradicionales.

El impacto económico dificulta la inversión necesaria para mantener en buen estado las colmenas. La apicultura requiere gastos constantes en alimentación, combustible, cajas y revisiones periódicas, que hoy muchos no pueden asumir. Algunos productores visitan sus colmenas cada semana o quince días, pero otros solo logran inspeccionarlas un mes o incluso tres debido a la escasez de recursos. Esta falta de atención favorece el desplazamiento natural de las colonias en busca de mejores condiciones.

Durante el verano, es normal que las colonias experimenten el proceso conocido como enjambrazón, en el que, al superar cierto número de abejas y saturarse las celdas de miel y polen, se forman nuevas reinas para dividir la colmena. Sin embargo, este año el fenómeno se ha intensificado. Una sola colonia puede generar múltiples enjambres, cada uno en busca de un sitio para establecerse, lo que explica la frecuente presencia de agrupaciones de abejas posadas en ramas o estructuras a nivel urbano.

El rescate de estos enjambres depende de su ubicación. Los situados entre uno y dos metros del suelo se retiran con mayor facilidad, especialmente si la maniobra se realiza al anochecer, cuando las abejas están más calmadas y regresan con rapidez al recipiente. En cambio, los enjambres ubicados a mayor altura exigen procedimientos más complejos y demoran más tiempo para su captura.

La división de colmenas es una técnica que permite controlar el enjambrazón y reduce el abandono natural de las abejas. Sin embargo, ante la grave situación económica, esta práctica no se realiza con la frecuencia necesaria. La falta de inversión y la consecuente emigración de las abejas ponen en riesgo la actividad apícola en la región y la producción de miel, un producto tradicional para muchas familias yucatecas.