Una iniciativa ciudadana en la Ciudad de México propone la creación de la Ley de Asistencia Médica para Morir, que permitiría a personas con enfermedades terminales o crónico-degenerativas acceder legalmente a la eutanasia o a la muerte autoadministrada, opciones actualmente prohibidas por la legislación federal.

Impulsada por la organización Libertad para Morir AC, esta propuesta plantea que el final de la vida no solo debe incluir cuidados paliativos o el rechazo de tratamientos médicos, sino también la posibilidad de una muerte digna asistida. Se busca que el Congreso local abra el debate para que se reconozca el derecho a que una persona decida cómo y cuándo terminar su vida en situaciones de dolor insoportable y padecimientos incurables.

La iniciativa distingue entre eutanasia y muerte autoadministrada: la eutanasia implica que un profesional de la salud suministre directamente el medicamento letal; en cambio, en la muerte autoadministrada, el médico prescribe y entrega el medicamento, pero la persona lo toma por sí misma. El término «muerte autoadministrada» es preferido por los impulsores para evitar la connotación negativa del «suicidio médicamente asistido».

Su promotora, una experta en bioética, señala que el proyecto no pretende promover la muerte, sino ofrecer una opción más para quienes enfrentan un sufrimiento que excede lo soportable. Subraya que prolongar la vida en estas condiciones no siempre significa bienestar y que ampliar las alternativas en el final de la vida responde a un ejercicio de autonomía y respeto a los derechos humanos.

Esta propuesta es independiente pero complementaria a otras iniciativas de legislación sobre el derecho a una muerte digna a nivel federal, como la Ley Trasciende, que también busca ampliar los derechos de las personas al final de su vida, aunque con un alcance nacional distinto.

Libertad para Morir AC está integrada por especialistas en bioética, médicos, abogados y defensores de derechos humanos. Desde su perspectiva, legalizar la eutanasia y la muerte autoadministrada abriría un camino para que las personas con enfermedades incurables puedan decidir sobre su vida sin imponer un sufrimiento innecesario y sin relegar la autonomía individual.