En plena revolución tecnológica, la automatización avanza cambiando la naturaleza del trabajo, pero el papa León XIV plantea una advertencia fundamental: el centro de toda innovación debe ser la persona, no la inteligencia artificial ni los algoritmos.
Esta posición quedó plasmada en la encíclica Magnifica Humanitas, recientemente publicada, que no rechaza la tecnología, sino que cuestiona cómo se aplica y quién toma las decisiones detrás de su uso. La carta destaca que, aunque las máquinas no tienen emociones ni criterio moral, las decisiones que las configuran afectan directamente la vida de las personas: quién consigue empleo, quién accede a oportunidades o quién queda excluido.
El documento evoca un paralelismo con la histórica encíclica Rerum Novarum, escrita por León XIII en 1891 y dirigida a un contexto industrial similar al que vivía Saltillo en esa época, con jornadas extenuantes, trabajo infantil y salarios justos cuestionados por primera vez. Ambas publicaciones coinciden en defender la dignidad del trabajador frente a las condiciones económicas y sociales vigentes.
El papa León XIV advierte sobre el riesgo de reducir a los individuos a meros datos para obtener eficiencia y llama a mantener un enfoque humano y ético. En un ejemplo actual, un trabajador impactado por la automatización puede pasar de hacer tareas manuales a supervisar procesos digitales, lo que implica una transformación del empleo, no una desaparición.
Así, la encíclica invita a repensar el progreso: no basta con implementar tecnología avanzada, sino que se debe evaluar desde dónde y para quién se decide su aplicación. La responsabilidad recae en garantizar que la innovación no sacrifica la justicia social ni los derechos laborales.
Saltillo hoy dista mucho de aquel lugar de carbón y largas jornadas que describía León XIII; sin embargo, la búsqueda de un equilibrio entre desarrollo tecnológico y cuidado de la persona sigue siendo un desafío vigente.

