La pasión por el Mundial no impide que la violencia de género siga siendo una realidad urgente en Yucatán. Recientemente, un caso emblemático volvió a tomar relevancia en los medios: Naomi R., víctima de un intento de feminicidio en 2018, enfrenta nuevamente un proceso legal contra su agresor, quien permanece en libertad pese a la gravedad del crimen. Esta situación evidencia la dificultad para alcanzar justicia y la angustia que persiste en las víctimas, que han sobrevivido a años de incertidumbre y miedo.
Aunque Yucatán es reconocido por vivir en relativa paz en comparación con otras regiones, la violencia contra las mujeres está presente desde las bases sociales, enraizada en una estructura patriarcal que muchas veces se normaliza y pasa desapercibida. El sentimiento de seguridad que se vive cotidianamente no debe oscurecer esta realidad ni el clamor social por atenderla.
El Mundial congrega a la sociedad en un espíritu de unión y celebración nacionalista; sin embargo, esta festividad no debe convertirse en un velo que tape los problemas que enfrentan las comunidades, especialmente en temas de violencia. La convivencia y el festejo pueden coexistir con la reflexión y la acción, reconociendo que la defensa de los derechos humanos debe mantenerse presente incluso en tiempos de alegría colectiva.

