El presidente municipal de Chignahuapan, Juan Rivera Trejo, conocido como “el diablo”, atraviesa una crisis política causada por su gestión y su exhibicionismo personal, que han generado rechazo tanto en el gobierno estatal como en su propio partido Morena. La ostentosa fiesta por los XV años de su hija atrajo críticas nacionales, pues contrastó con los principios de austeridad que se esperan bajo la administración de la Cuarta Transformación (4T).
Esta exhibición pública no solo desató polémica en redes sociales y medios nacionales, sino que también evidenció la percepción negativa sobre su gobierno, cuestionado por permitir el incremento de la violencia y la inseguridad en el municipio. Recientemente, un joven fue baleado tras un intento de asalto en la laguna local, un hecho que refleja la crisis de seguridad que atraviesa la región bajo su administración.
Frente a esta situación, las dirigencias nacional y estatal de Morena han rechazado su actuar y anunciaron una investigación sobre los excesos y la falta de austeridad de Rivera Trejo. A nivel estatal, el gobernador Alejandro Armenta Mier se distanció públicamente del alcalde tras rumores infundados de un supuesto respaldo, usados como herramienta de desinformación mediante imágenes manipuladas con inteligencia artificial.
La tensión también alcanza lo interno del ayuntamiento, donde la gestión ha sido calificada como deficiente y marcada por enfrentamientos que parecen afectar a la estructura administrativa. En este contexto, la figura de Juan Rivera Trejo pierde fuerza para intentar una reelección, ya que la percepción generalizada en el círculo político local es que su mala administración ha deteriorado la imagen y el funcionamiento del municipio.
La crisis en Chignahuapan muestra un ejemplo claro de cómo la percepción pública, alimentada por casos de corrupción, exhibicionismo y falta de control en la seguridad, puede aislar a un funcionario dentro de su mismo partido y gobierno. Las autoridades continúan observando de cerca esta situación, mientras la población local sufre las consecuencias directas de la inseguridad y la inestabilidad política.

