Los fallecimientos por la cepa Bundibugyo del virus del ébola alcanzaron 93, mientras que los casos confirmados superaron los 500 en la República Democrática del Congo y Uganda, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este aumento responde, en parte, a una mayor cantidad de pruebas y al procesamiento de muestras acumuladas, especialmente en el Congo.
La OMS calificó el riesgo global de contagio como bajo, pero advirtió que en Uganda y los países vecinos la amenaza es elevada, y en el Congo es extremadamente alta debido a la propagación activa del virus. Ante esta situación, las autoridades africanas junto a la OMS lanzaron un plan de preparación y respuesta con una inversión de 518 millones de dólares, orientado a fortalecer la detección y contención rápida del brote.
Este brote se desarrolla en un contexto crítico para la región: casi 15 millones de personas en la República Democrática del Congo requieren ayuda humanitaria, mientras que 3.4 millones están desplazadas y en zonas afectadas por el ébola. Esto dificulta la acción de las agencias internacionales para asistir efectivamente en las áreas de contagio.
La OMS también resaltó los retos para controlar la epidemia, como la desconfianza de la población hacia los trabajadores de salud debido a las estrictas medidas sanitarias implantadas para frenar los contagios. En semanas anteriores, la organización alertó que la propagación del virus superaba la capacidad de respuesta de las autoridades locales, complicando el manejo del brote.

