La política de oposición en México ha adoptado en muchos casos una dinámica centrada en la crítica constante y generalizada hacia las instituciones, sin acompañarla de propuestas que contribuyan a mejorar los problemas señalados. Un ejemplo reciente se observa en la campaña del PAN en Chihuahua, que emitió el mensaje “IMSS y nada es lo mismo” para resaltar las deficiencias del sistema de salud federal, especialmente en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Si bien ningún especialista niega que el IMSS enfrenta problemas graves, como largas esperas para citas médicas, cirugías atrasadas y falta de medicamentos, reducir todo a un slogan publicitario deja de lado la complejidad y la labor diaria de miles de trabajadores que intentan sostener un sistema con años de carencias y una demanda creciente. Esto abre el debate sobre la necesidad de una discusión seria y responsable en torno a la salud pública.

En la actualidad, gran parte de la política parece competir menos por ofrecer mejores proyectos y más por lanzar ataques efectivos, repitiendo que todo falla y nada funciona. Sin embargo, detrás de esta crítica generalizada surge la pregunta clave: ¿qué alternativas propone cada actor político? La postura opositora debe trascender la denuncia y mostrar cómo gestionaría las problemáticas.

Además, en el caso de Chihuahua, la situación adquiere otro nivel de complejidad, pues el PAN no sólo cuestiona el sistema federal sino que también está al mando del gobierno estatal, que promueve su propio modelo de atención médica. Esto implica que la exigencia por mejorar la calidad debe ser coherente y autoexigible, reconociendo errores propios y trabajando en corregirlos, no sólo señalando fallas ajenas.

El electorado ya tiene claro cuáles son las dificultades cotidianas que enfrenta el sector salud, por lo que la expectativa hacia los líderes políticos se centra en obtener soluciones concretas:

  • ¿De qué forma se fortalecerá el sistema sanitario?
  • ¿Qué modelo de atención médica se plantea implementar?
  • ¿Cómo se reducirán los tiempos de espera para los pacientes?
  • ¿Con qué recursos económicos se financiarán estas mejoras?

Sin estas respuestas, la política de desgaste termina por desgastar también a quienes la practican, ya que la ciudadanía pierde interés en un discurso que sólo critica y no construye. La crítica es vital para cualquier democracia, pero debe ser parte de una estrategia que aporte y no sólo desgaste.