El hantavirus es una infección poco frecuente que requiere atención especializada en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), debido a su gravedad y evolución potencialmente mortal. Aunque no existe un tratamiento farmacológico definitivo, el manejo se basa en el soporte vital intensivo, incluyendo la ventilación mecánica, el control del shock y la sustitución renal en caso de disfunción hepática severa.
Existen dos formas principales de presentación clínica del hantavirus: el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), más severo y frecuente en América, y la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), habitual en Europa y Asia. En casos críticos de SCPH, se puede recurrir a técnicas avanzadas como la membrana de oxigenación extracorpórea (ECMO) para mantener la oxigenación del paciente.
En cuanto a la prevención de contagios dentro del hospital, no es necesario implementar un aislamiento de alto nivel en la UCI, ya que la transmisión de persona a persona es extremadamente rara. Los equipos médicos siguen protocolos con precauciones estándar: higiene rigurosa de manos, uso de guantes y la protección respiratoria especialmente durante procedimientos que generan aerosoles.
Estas medidas aseguran la protección del personal sanitario sin intervenir en el resto de la actividad hospitalaria ni limitar significativamente la atención a otros pacientes. A diferencia de virus altamente contagiosos como el ébola, el hantavirus no requiere aislamientos estrictos en las zonas donde se atiende a los pacientes infectados.

