La provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo (RDC), se mantiene como el foco principal de la reciente epidemia de ébola, donde la respuesta sanitaria enfrenta numerosas dificultades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó a 900 los casos confirmados, una cifra que refleja la complejidad de contener el virus ante el contexto local de violencia y desplazamientos masivos.

En Ituri, una de cada cuatro personas requiere asistencia humanitaria, y una de cada cinco ha sido desplazada internamente debido a los enfrentamientos en la zona. Esta inseguridad obliga a que tanto la población como los trabajadores sanitarios y humanitarios huyan, lo que complica el seguimiento de los contactos y la identificación temprana de nuevos casos. La capital provincial, Bunia, con cerca de 700 mil habitantes, enfrenta además un fuerte componente cultural que limita la aceptación del brote. Sectores con menor educación y arraigo a tradiciones religiosas tienden a considerar el virus como una invención, lo que dificulta la implementación de las medidas sanitarias.

Ante esta realidad, Médicos Sin Fronteras (MSF) intensificó su intervención desplegando cerca de 50 profesionales internacionales para apoyar a los casi 480 trabajadores locales ya presentes. La organización está enviando material sanitario crucial desde Kinshasa y su centro logístico en Kampala, Uganda. Entre el equipamiento distribuido destacan miles de equipos de protección individual (EPI), una herramienta indispensable para proteger al personal que trabaja en contacto directo con pacientes infectados.

La estrategia incluye la apertura y rehabilitación de varios Centros de Tratamiento de Ébola (CTE). En Mongbwalu, uno de los primeros puntos de detección, MSF, en colaboración con el Ministerio de Salud congoleño, establecerá un nuevo centro. En la capital de la provincia vecina de Kivu Norte, Goma, se trabaja para reabrir el CTE de Munigi, con capacidad para 80 pacientes, y se habilita un área de aislamiento en el hospital de Kyeshero, donde la organización también desarrolla proyectos de pediatría y nutrición.

El personal sanitario local recibe formación constante en protocolos de aislamiento y tratamiento para garantizar la correcta atención y evitar la propagación del virus. Además, MSF refuerza la infraestructura logística y el saneamiento en las zonas afectadas para mejorar las condiciones de contención del virus y frenar nuevos contagios.

El escenario en Ituri no solo pone a prueba las capacidades médicas y humanitarias, sino que también evidencia la importancia de abordar factores sociales y culturales que afectan la respuesta sanitaria. Esta combinación de violencia, desplazamientos y escepticismo plantea retos complejos para controlar la epidemia y brindar apoyo efectivo a la población vulnerable.