La Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) plantea la necesidad de crear áreas especializadas de Neuro-UCI en los hospitales para atender a pacientes con lesiones neurológicas graves. Estos enfermos ingresan con ictus, hemorragias intracraneales, traumatismos craneoencefálicos o lesiones medulares agudas, y requieren una vigilancia extrema y decisiones terapéuticas rápidas, a veces minuto a minuto.

El doctor Jon Pérez Bárcena, médico intensivista del Hospital Universitario Son Espases de Palma, subraya que en estos pacientes no solo importa la lesión inicial, sino también prevenir la lesión cerebral secundaria, que puede originarse por hipoxia, hipotensión, edema cerebral, hipertensión intracraneal o fiebre. Pequeños cambios en la presión arterial, oxigenación, ventilación o nivel de consciencia pueden traducirse en un deterioro neurológico importante. Una atención especializada se ha vinculado con mejor supervivencia y mejores resultados funcionales que la atención no especializada.

El doctor José Garnacho, presidente de la SEMICYUC, destaca que los pacientes neurocríticos requieren un equipo multidisciplinar liderado por intensivistas. En los últimos años, los progresos en el conocimiento de la fisiopatología, la monitorización de enfermos, tratamientos más efectivos y la prevención de complicaciones infecciosas han mejorado el pronóstico de estos pacientes.

Uno de los avances más significativos ha sido el paso de una monitorización general a lo que se denomina monitorización neurológica multimodal. Ya no se observa solo tensión arterial o saturación de oxígeno, sino también presión intracraneal, oxigenación cerebral, Doppler transcraneal y metabolismo cerebral. Esto permite detectar antes el deterioro y ajustar el tratamiento de forma más individualizada.

El objetivo de las Neuro-UCI no se limita a que el paciente sobreviva, sino a que lo haga con la mejor función neurológica posible y preservando la viabilidad del tejido cerebral. Pérez Bárcena señala que el camino a seguir es adaptar el tratamiento al tipo de lesión, al patrón de monitorización y a la respuesta del propio cerebro del paciente, individualizando la presión de perfusión y la oxigenación. Crear estas unidades implica una apuesta por equipos especializados de neurointensivistas con formación concreta.