El hígado graso, conocido como esteatosis hepática, afecta a una gran parte de la población mexicana, aunque la mayoría no lo detecta hasta que el daño es avanzado. Expertos en salud alertan sobre la alta prevalencia de esta enfermedad silenciosa, que se ha convertido en un problema importante, sobre todo entre personas con obesidad, diabetes, hipertensión y trastornos metabólicos.

Las personas con diabetes presentan tasas mucho más elevadas de hígado graso, que pueden alcanzar entre seis y ocho de cada diez casos. En el caso de quienes tienen obesidad, el riesgo aumenta conforme el índice de masa corporal crece, llegando a casi un 100% en pacientes con obesidad severa o súper obesidad.

Dado que el hígado graso suele ser asintomático en sus primeras etapas, los especialistas recomiendan a quienes padezcan enfermedades crónicas acudir a revisiones médicas regulares para realizar estudios hepáticos de manera preventiva. La detección temprana es clave, ya que los síntomas visibles como la ictericia indican daños severos que pueden ser irreversibles.

En cuanto al tratamiento, además de la recomendación general de mejorar la alimentación y aumentar la actividad física, existe un medicamento aprobado en México llamado semaglutida. Este fármaco está disponible en forma inyectable y oral, aunque la versión inyectable es costosa y no está incluida en el sistema público de salud, mientras que la forma oral sí se ofrece para manejar indicadores metabólicos como la diabetes y niveles altos de triglicéridos.

Los especialistas también señalan que el abuso de suplementos, herbolaria y algunos fármacos puede dañar el hígado, generando otra clase de enfermedad hepática relacionada con sustancias tóxicas, por lo que recomiendan un control médico para cualquier tratamiento alternativo.