El descubrimiento del polonio y el radio marcó un antes y un después en la historia de la ciencia. Marie Curie y su esposo Pierre lograron aislar estos elementos mientras investigaban la naturaleza de una energía invisible y poderosa, que más tarde se conocería como radiactividad. Este hallazgo no solo amplió el conocimiento sobre la estructura atómica sino que también abrió la puerta a una revolución en la física y la química.
Su trabajo comenzó a raíz de las investigaciones previas de Wilhelm Röntgen, quien detectó los Rayos X, y Henri Becquerel, que confirmó la emisión de radiación por parte del uranio, aunque sin comprender su origen. Impulsada por estos avances y tras numerosas pruebas con minerales y minerales molidos, Marie Curie se propuso encontrar otros elementos que generaran este fenómeno y, en ese proceso, identificó el polonio, nombrado en honor a su país natal, Polonia, y poco después, el radio.
Para cuantificar la radiactividad, los Curie desarrollaron un método basado en la medición de la corriente eléctrica generada en el aire cuando entraba en contacto con los minerales radiactivos. Descubrieron que la intensidad de la radiación era proporcional a la cantidad del material, demostrando que esta energía provenía de un proceso interno a los átomos, sin influencia externa. Este insight fue una piedra angular que impulsó la teoría atómica moderna.
Durante meses, entre 1897 y 1898, los Curie trabajaron en condiciones precarias, moliendo y analizando toneladas de minerales para extraer solo unos gramos de polvo radiactivo. En ese laboratorio frío y oscuro, Marie expandió el conocimiento sobre la radiactividad y estableció las bases para futuras investigaciones que transformarían la comprensión del mundo subatómico.

