El terremoto registrado el 24 de junio en el norte de Venezuela provocó una tragedia sin precedentes, con un balance oficial que reporta más de 3,500 muertos, más de 16,000 heridos y cerca de 18,000 personas sin vivienda. Los dos sismos, de magnitudes 7.2 y 7.5, ocurrieron con segundos de diferencia y devastaron principalmente la región costera de La Guaira.
La emergencia llevó a albergar a más de 12,800 personas en 80 refugios temporales distribuidos entre Caracas y La Guaira, donde la necesidad de alimentos, atención médica y servicios básicos es aún crítica. Las labores de rescate y recuperación se mantienen activas, especialmente en La Guaira, con maquinaria pesada trabajando para abrir nuevos espacios para las sepulturas de las víctimas, mientras los equipos forenses continúan con la identificación y manejo de los cuerpos bajo estrictos protocolos sanitarios.
La respuesta del gobierno ha sido objeto de críticas por parte de sectores de la población, aunque las autoridades aseguran que los cuerpos de seguridad se movilizaron de forma inmediata tras el desastre. Además, se anunció la creación de una unidad militar especializada para enfrentar futuras emergencias naturales.
En paralelo, la cooperación internacional juega un papel clave para atender la crisis. La Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) ha brindado apoyo técnico para mitigar riesgos sanitarios, entregando guías para el manejo de cadáveres, bolsas especializadas y contenedores refrigerados destinados al puerto de La Guaira. También ha facilitado el funcionamiento de crematorios en zonas afectadas.
Países vecinos han confirmado donaciones de vacunas e insumos médicos fundamentales para evitar brotes de enfermedades tras la catástrofe. Chile aportó decenas de miles de dosis contra difteria, tétanos, sarampión, rubéola y paperas, además de jeringas y diluyentes. Brasil envió un primer lote de vacunas contra fiebre amarilla, antirrábicas caninas y otros biológicos que están en proceso de gestión.

