El consumo de medicamentos entre conductores sigue siendo un factor poco visible pero significativo en la seguridad vial. Según un estudio reciente de Fundación Mapfre y Fundación Bidafarma, en colaboración con la Dirección General de Tráfico (DGT) y el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, entre el 5% y el 10% de los accidentes de tráfico podrían estar relacionados con la ingesta de fármacos que afectan la conducción.

El análisis revela que un tercio de los conductores reconoce conducir bajo los efectos de medicamentos que pueden interferir en sus reflejos y atención. Sin embargo, solo una minoría modifica su comportamiento para evitar riesgos. La mayoría no percibe un impacto significativo en su capacidad de manejo, lo que genera una falsa sensación de control.

El perfil típico del conductor medicado es una persona alrededor de 50 años que usa el vehículo para actividades cotidianas y lleva décadas al volante. Tres de cada cuatro conductores habituales han consumido algún medicamento en los últimos tres años que potencialmente afecta la conducción, incluidos productos sin receta y naturales, cuya peligrosidad suele ser subestimada.

El estudio detecta una contradicción importante: aunque el 83% de los conductores reconoce que los medicamentos representan un riesgo alto y le atribuyen una puntuación considerable cuando se les pregunta, solo el 26% extrema las precauciones al tomar medicación. En contraste, otras condiciones como la lluvia, la conducción nocturna o el cansancio sí generan mayor alerta entre los conductores.

Esta disparidad pone en evidencia la necesidad de reforzar la conciencia pública sobre los efectos secundarios de muchos fármacos, que pueden afectar la atención, capacidad de reacción y reflejos durante la conducción, aunque no se perciban fácilmente. Expertos advierten que incluso cuando los síntomas no son evidentes, los riesgos aumentan.

El informe subraya la importancia de incluir la evaluación del consumo de medicamentos en las estrategias preventivas de seguridad vial y mejorar la información que reciben los conductores para que reconozcan el peligro real y actúen en consecuencia.