La tosferina representa una amenaza creciente en México, donde un brote histórico ha provocado la muerte de varios bebés, sobre todo menores de seis meses que aún no completan su esquema de vacunación. Este aumento se atribuye a que la cobertura nacional de la vacuna ronda apenas el 63.7%, muy por debajo del 95% recomendado para evitar la propagación de esta enfermedad.

El incremento de casos se ha hecho evidente desde 2025, según datos epidemiológicos. El año anterior se registraron más de mil 500 casos con 72 fallecimientos, mientras que en lo que va del año actual ya se reportan más de un centenar de contagiados y dos muertes. La tosferina resulta difícil de diagnosticar, y los episodios más severos ocurren en niños lactantes no vacunados, aunque también se presenta en adultos que no han recibido refuerzos.

La vacuna contra la tosferina forma parte de una fórmula combinada conocida como hexavalente, que protege además contra difteria, tétanos, Haemophilus influenzae, polio y hepatitis B. Este esquema se aplica a los 2, 4 y 6 meses de edad, seguido de un refuerzo entre 12 y 18 meses, otro entre 4 y 6 años, y dosis de reforzamiento cada diez años durante la vida adulta. Sin embargo, la baja adherencia a esta programación limita su efectividad a nivel poblacional.

La tosferina se contagia a través del contacto directo con secreciones respiratorias de personas infectadas, similar a otras enfermedades respiratorias como la influenza o el COVID-19. Por ello, es esencial mantener altos niveles de vacunación para proteger a los grupos más vulnerables y evitar la circulación del patógeno.

El aumento de casos en México refleja desafíos en la cobertura y el seguimiento de esquemas completos de inmunización, sobre todo en menores de un año, que registran tasas más bajas de vacunación completa. La prevención mediante la vacunación sigue siendo la medida más efectiva para reducir la mortalidad infantil causada por esta enfermedad.