Cuba implementó un paquete de reformas económicas que representa el mayor ajuste en su política en al menos 15 años, con el objetivo de enfrentar la crisis y promover el crecimiento. Estas medidas buscan flexibilizar ciertos sectores y atraer mayor inversión, en un contexto de prolongada desaceleración y dificultades internas.

El paquete aprobado contempla cambios en múltiples áreas, incluyendo la ampliación del papel del sector privado y la reducción de trabas burocráticas para la actividad empresarial. Esta apertura se traduce en nuevas posibilidades para pequeños emprendimientos y cooperativas. Además, se pretenden abrir espacios para la importación y exportación de productos de manera más autónoma, algo que hasta ahora estaba muy restringido.

Entre las reformas también destacan modificaciones en el sistema salarital y en la propiedad estatal, buscando mejorar la productividad y la eficiencia. El gobierno apuesta a un mayor protagonismo del mercado, aunque manteniendo el control central. Estas transformaciones se ponen en marcha en un momento en que Cuba enfrenta retos económicos severos, afectada por sanciones internacionales y un turismo que aún no se recupera por completo.