La comunidad palestina de Al Bustan, en Jerusalén Este, enfrenta una nueva amenaza: el Ayuntamiento de Jerusalén prepara la demolición de viviendas para ampliar un parque arqueológico y turístico conocido como Ciudad de David. Entre las afectadas está Yusra Qwaider, una anciana de 97 años postrada en cama que podría perder el hogar donde ha vivido más de cinco décadas junto a doce familiares.
El municipio justificó la medida señalando que toda la zona fue declarada como espacio destinado a un parque público, no residencial. También afirmó que ha intentado ofrecer alternativas habitacionales, pero que los residentes no demostraron disposición para llegar a un acuerdo. Sin embargo, los vecinos denuncian que las licencias de construcción son casi imposibles de obtener para los palestinos en Jerusalén Este, perjudicando sus derechos a permanecer en sus hogares.
La organización israelí Ir Amim alertó que las demoliciones en Al Bustan se intensificaron drásticamente tras el ataque de Hamás en octubre de 2023. Según esta ONG, la "gran mayoría" de las 115 viviendas del barrio está en peligro. En lo que va del año se derribaron 17 viviendas, cifra superior a la de años pasados. El Ayuntamiento dejó de dialogar con los residentes sobre soluciones habitacionales, lo que ha generado angustia y protestas.
El conflicto surge en el marco del proyecto de expansión del parque arqueológico denominado «Jardín del Rey», reservado para turistas y gestionado por la organización de colonos Elad. Este espacio forma parte de la llamada Ciudad de David, donde se ubica la antigua Jerusalén, y cuyo desarrollo busca ampliar el atractivo turístico en detrimento del tejido residencial palestino.
Vecinos como Fakhri Abu Diab enfatizan que las demoliciones no sólo son un desplazamiento forzado sino una decisión política que no ha recibido respuesta efectiva de la comunidad internacional. El caso de Yusra Qwaider, que ya perdió su casa antes y ahora se enfrenta a una tercera demolición, refleja la precariedad y vulnerabilidad de muchas familias en la ciudad.
La disputa conjunta entre el Ayuntamiento, los colonos y los habitantes locales evidencia las tensiones que atraviesan Jerusalén Este, zona anexionada por Israel y donde los permisos para construcción palestina son extremadamente restrictivos. Esta situación mantiene a miles de personas en incertidumbre, con un futuro que depende del desarrollo de proyectos que buscan priorizar la historia arqueológica y el turismo sobre las necesidades de vivienda de sus habitantes.

