La 11ª Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) comenzó el 27 de abril en la sede de Naciones Unidas en Nueva York bajo tensión diplomática extrema. Durante la cumbre, que se extenderá hasta el 22 de mayo, la misión permanente de Irán acusó formalmente a Estados Unidos de incumplir sus compromisos de desarme durante los últimos 56 años.

El secretario general de la ONU, António Guterres, inauguró las sesiones advirtiendo que el orden nuclear mundial se deteriora a un ritmo alarmante. Señaló que el gasto militar global alcanzó 2.7 billones de dólares el año pasado, una cifra trece veces superior a toda la ayuda al desarrollo mundial. Guterres subrayó además que el arsenal nuclear global vuelve a crecer y que, por primera vez en décadas, aumenta el número de ojivas nucleares.

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El conflicto central gira en torno al enriquecimiento de uranio. Irán defendió su programa civil argumentando que no existe restricción legal sobre los niveles de enriquecimiento siempre que se realice bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). La delegación iraní calificó la postura estadounidense de "indignante e hipócrita" y denunció un incumplimiento histórico. Estados Unidos, por su parte, mantiene su exigencia de enriquecimiento cero.

El secretario general exigió que el TNP evolucione para enfrentar los desafíos de la inteligencia artificial y la computación cuántica, insistiendo en que la humanidad nunca debe ceder el control de estas armas a máquinas. La Santa Sede también emitió una declaración cuestionando las estrategias armamentistas y abogando por "una paz desarmada y que desarme".

La conferencia, presidida por el embajador vietnamita Do Hung Viet, replica las fricciones de 2015 y 2022, años en los que fue imposible alcanzar documentos de consenso. La crisis diplomática ya provocó que la Comisión de Desarme de la ONU suspendiera su sesión de 2026 tras objeciones estadounidenses sobre la agenda.