Cada 2 de mayo, el Día Internacional contra el Acoso Escolar visibiliza una problemática que persiste tras los muros de las instituciones educativas. El Ministerio de Salud, a través de su Dirección de Salud Mental, advierte que el acoso escolar es una conducta agresiva, repetida e intencional que ocurre en un escenario de desigualdad de poder y afecta profundamente a quienes la padecen.
El acoso puede adoptar formas física, verbal, relacional o digital. Lo que lo diferencia de un simple conflicto escolar es la reiteración y la asimetría: ocurre cuando un estudiante queda atrapado en una situación prolongada de indefensión frente a un agresor. Según la cartera de salud, esta conducta erosiona la salud mental, obstaculiza el aprendizaje y deteriora la convivencia en las instituciones educativas.
Las consecuencias emocionales son múltiples. Los estudiantes afectados experimentan tristeza persistente, ansiedad, miedo a asistir a clases, vergüenza y culpa. Estos síntomas se traducen en evasión escolar, aislamiento, irritabilidad y pérdida de interés en actividades cotidianas. Algunos presentan también dolores de cabeza o de estómago sin causa médica aparente. El rendimiento académico se ve comprometido por falta de concentración y ausentismo.
El impacto va más allá de la víctima. July Caballero Peralta, directora de Salud Mental del Minsa, señala que quienes ejercen el acoso presentan mayor riesgo de desarrollar problemas emocionales, conductas violentas y consumo de sustancias. Los estudiantes que presencian el acoso también resultan afectados: pueden desarrollar ansiedad, culpa o normalizar la violencia como parte de la vida escolar. En el hogar, las familias enfrentan estrés y preocupación constante, alterando la dinámica familiar.
El Ministerio de Salud propone estrategias de prevención. Abrir canales de comunicación entre familias, estudiantes y escuelas es fundamental. Detectar cambios bruscos de conducta, insomnio, rechazo escolar o síntomas físicos sin explicación permite intervenir a tiempo. El acompañamiento emocional, las intervenciones oportunas y el fortalecimiento de habilidades socioemocionales son la base para interrumpir el ciclo del acoso. Promover espacios seguros donde la empatía y el respeto sean la regla es un objetivo prioritario que requiere esfuerzo colectivo de la comunidad educativa.

