La Ciudad de México se hunde casi 25 centímetros al año, según imágenes satelitales difundidas esta semana por la NASA. El hundimiento es tan acelerado que puede observarse desde el espacio, lo que convierte a la capital mexicana en una de las ciudades con mayor velocidad de subsidencia del planeta. La zona metropolitana, que alberga cerca de 22 millones de habitantes en aproximadamente 7,800 kilómetros cuadrados, enfrenta así una de las crisis geológicas más severas.

Las mediciones provienen del satélite NISAR, fruto de una colaboración entre la NASA y la Organización India de Investigación Espacial. Los datos fueron recopilados entre octubre de 2025 y enero de 2026. En algunas zonas como el aeropuerto principal y el Ángel de la Independencia, el hundimiento alcanza 2 centímetros mensuales, lo que suma aproximadamente 24 centímetros por año.

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El problema tiene raíces históricas profundas. La Ciudad de México fue construida sobre el lecho de un antiguo lago, y el bombeo intensivo de agua subterránea junto con el desarrollo urbano han reducido drásticamente el acuífero. En menos de un siglo, la caída total ha superado los 12 metros, según Enrique Cabral, investigador de geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Las consecuencias afectan la infraestructura metropolitana. El metro, el sistema de drenaje, el abastecimiento de agua potable, la vivienda y las calles sufren daños progresivos. Monumentos históricos como la Catedral Metropolitana, cuya construcción comenzó en 1573, están visiblemente inclinados. La contracción del acuífero además alimenta una crisis crónica de agua que, según previsiones, se agravará.

Paul Rosen, científico del proyecto NISAR, explicó que la tecnología satelital permite documentar los cambios dentro de la ciudad y "ver la magnitud total del problema". A futuro, el equipo espera lograr mediciones a nivel de edificios individuales.

Durante décadas el gobierno mexicano desatendió el tema, interviniendo solo en la estabilización de cimientos bajo monumentos específicos. Sin embargo, Cabral señaló que la agudización reciente de la crisis hídrica ha llevado a las autoridades a financiar más investigación. Los datos de NISAR serán clave para diseñar estrategias de mitigación a largo plazo, cuyo primer paso es comprender la magnitud real del fenómeno.