El último reporte del INEGI sobre pobreza laboral en México evidencia una mejoría en el ingreso de los trabajadores, ya que el porcentaje de personas que no alcanzan a cubrir la canasta básica alimentaria bajó notablemente. Sin embargo, este dato también expone que casi una tercera parte de la población activa sigue con ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades alimenticias, un indicador clave del bienestar económico familiar.
El descenso de la pobreza laboral se observó tanto en áreas urbanas como rurales, aunque la brecha entre estas persiste con fuerza: mientras en zonas urbanas el problema es menor, más del 40% de la población rural continúa en situación de pobreza laboral. Esta diferencia refleja limitaciones estructurales como la baja productividad, el alto nivel de informalidad laboral y la falta de diversificación económica, problemas que no se resuelven únicamente con incrementos salariales.
La desigualdad también se manifiesta a nivel regional. Estados costeros como Baja California Sur, Baja California y Colima presentan los índices más bajos de pobreza laboral. En contraste, entidades sureñas como Chiapas, Oaxaca y Guerrero enfrentan cifras superiores al 50%, lo que denota rezagos significativos en su desarrollo económico y social.
En este contexto, Coahuila destaca por mantener uno de los niveles más bajos de pobreza laboral a nivel nacional, aunque enfrenta tensiones económicas derivadas de su alta dependencia de la industria automotriz y del mercado estadounidense. Fenómenos como la reducción de turnos y ajustes laborales han afectado la estabilidad laboral, pero el estado pudo registrar una ligera mejora, lo que demuestra cierta resiliencia económica a pesar de las adversidades.
El avance en la reducción de la pobreza laboral está asociado con el crecimiento del salario real, la recuperación en el empleo y una inflación alimentaria relativamente estable, factores que contribuyen a elevar el poder adquisitivo de los trabajadores. No obstante, la persistencia de elevados niveles en algunas regiones y el mercado rural exige estrategias focalizadas que superen las limitaciones estructurales y promuevan un desarrollo más equitativo y sostenible.

