Volkswagen comenzó la producción de celdas para baterías de vehículos eléctricos en su gigafactoría de Salzgitter, una instalación puntera que representa un paso clave en la apuesta europea por la electrificación y la soberanía tecnológica. La fábrica tiene una capacidad diaria de 60.000 celdas, suficientes para equipar cerca de 250.000 coches eléctricos al año.

La planta forma parte de un plan más amplio que incluye la apertura de una segunda gigafactoría en Sagunt, cuya producción se espera que arranque antes de fin de año. Con una inversión que supera los 10.000 millones de euros destinado a estas dos fábricas en Europa y otra en Canadá, Volkswagen apuesta por concentrar esfuerzos en instalaciones más grandes que aprovechen las economías de escala frente a su estrategia inicial de crear seis plantas más pequeñas.

La importancia de estas gigafactorías radica en que las baterías representan aproximadamente el 40% del coste de producción de los vehículos eléctricos. Esto convierte a la fabricación de celdas en un eslabón estratégico para la industria automotriz europea, que busca evitar la dependencia tecnológica de Asia, especialmente tras el precedente de la crisis de los microchips. La Unión Europea estableció en 2017 un objetivo para impulsar la creación de diez gigafactorías en el continente, promoviendo así la autonomía en este sector.

El proceso productivo en Salzgitter se desarrolla en espacios conocidos como "salas blancas y secas", donde se mantiene un control extremo de polvo y humedad que afecta directamente a la calidad de las celdas. Estas áreas limpias ocupan una superficie equivalente a cinco campos de fútbol y están diseñadas para minimizar cualquier contaminación, ya que incluso una mota de polvo o un cabello podría arruinar la producción completa. Este rigor es fundamental para garantizar la eficiencia y seguridad de las baterías.

Sin embargo, esta apuesta tecnológica coincide con un proceso de reconversión en Volkswagen, que enfrenta una crisis en el sector tradicional. La compañía prevé una reducción de hasta 100.000 empleos a nivel global, el doble del ajuste previsto inicialmente, y el cierre de varias fábricas en Alemania debido a la caída en ventas y la presión competitiva de firmas chinas, junto con el impacto de los elevados costos laborales y energéticos en Europa.

El proyecto de gigafactorías en Europa no ha sido sencillo. La experiencia con Northvolt, empresa sueca que impulsó la primera planta de este tipo con apoyo público y no logró consolidarse, llevó a Volkswagen a replantear su estrategia. Ahora, concentrar recursos en grandes instalaciones como Salzgitter y Sagunt busca generar resultados más sostenibles y competitivos en el mercado global.