La falta de estabilidad económica y las demandas laborales complican la crianza infantil, pues la mayoría de los padres no disponen del tiempo necesario para dedicar a sus hijos. Un estudio global, basado en entrevistas a ocho mil padres y cuidadores de 16 países, señala que solo uno de cada seis siente que tiene tiempo suficiente para la familia, lo que genera una presión constante entre trabajo y responsabilidades domésticas.

Además, el análisis evidencia que más de la mitad de los padres aún vinculan su identidad masculina con la capacidad de proveer económicamente para el hogar. Este vínculo aumenta el estrés financiero: uno de cada cuatro ha tenido que refinanciar su vivienda para pagar servicios, tres de cada cuatro realizan horas extras y uno de cada dos cuenta con un segundo o tercer empleo para complementar ingresos. Esta realidad reduce el tiempo de convivencia familiar y eleva la frustración.

El informe también subraya que la preocupación por el futuro económico afecta el descanso de 76 % de los padres y 82 % de las madres. En la mitad de las familias, los costos vinculados al cuidado de los hijos representan al menos la mitad de los ingresos totales, una carga que dificulta aún más la conciliación laboral y familiar. En este escenario, el sistema laboral vigente resulta poco flexible, pues más del 80 % de los progenitores señala que sus empleadores no facilitan modalidades de trabajo adaptadas a las necesidades de cuidado.

Este contexto fortalece roles tradicionales de género. El informe destaca un aumento significativo en la creencia de que los niños no deben aprender tareas del hogar, como cocinar o limpiar, pasando de un 25 % a un 40 % entre padres en pocos años. Esta tendencia refleja un retroceso en la distribución equitativa de responsabilidades domésticas y de crianza, dificultando la construcción de modelos familiares más igualitarios.