El mandatario ruso propuso a Irán y a Estados Unidos una solución para disminuir las fricciones relacionadas con el programa nuclear iraní: que Rusia se encargue de almacenar el uranio enriquecido producido por Irán. Esta medida buscaría facilitar el control y evitar que el material se utilice con fines no pacíficos, en medio de la complicada relación que Estados Unidos mantiene con Teherán.
La iniciativa de Putin se inscribe en un contexto de creciente preocupación internacional sobre la proliferación nuclear y las sanciones impuestas a Irán. La idea de que Rusia, un actor clave en las negociaciones nucleares internacionales, custodie el uranio enriquecido se plantea como un mecanismo para aumentar la transparencia y reducir riesgos, evitando una escalada mayor en la región.
Este ofrecimiento también refleja la intención de Rusia por actuar como intermediario entre Estados Unidos e Irán en un momento de poca confianza entre ambas partes. Desde Washington, la propuesta añade un componente práctico al debate sobre restricciones y controles, al tiempo que reafirma la influencia rusa en asuntos estratégicos globales.
Por su parte, Irán mantiene abierta su política de enriquecimiento de uranio, que alegan es con fines civiles, aunque Washington sospecha de posibles aplicaciones militares. La custodia del material en territorio ruso podría permitir inspecciones y mecanismos de verificación más estrictos, si las partes llegan a un acuerdo.
Este ofrecimiento no está desvinculado de los esfuerzos previos para revivir el acuerdo nuclear con Irán, conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), del cual Estados Unidos se retiró tiempo atrás. Rusia ha sido un mediador constante en esas negociaciones, buscando un equilibrio que evite una crisis abierta.

