El 29 de abril de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló acusaciones formales contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve funcionarios, entre ellos un senador de Morena y autoridades locales, por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa. Al día siguiente, en su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum no respondió con confrontación directa. En cambio, recurrió a una estrategia distinta: proyectó en el salón Tesorería de Palacio Nacional un fragmento de Cambio de rumbo. Testimonios de una Presidencia, 1982-1988, las memorias que Miguel de la Madrid Hurtado publicó hace casi cuatro décadas.
El pasaje seleccionado contenía una reflexión sobre la actitud estadounidense: "Los norteamericanos entre más blandito encuentran más se van metiendo. Estamos ante gente dura que no busca entendimiento sino imponerse. Nuestras relaciones no van a cambiar demasiado. Sin embargo y aceptando esa realidad, debemos conservar la serenidad y sostener el esfuerzo por mejorar las relaciones, pero sin perder nuestra dignidad." Sheinbaum no agregó explicaciones. La cita hablaba por sí sola, dirigida implícitamente hacia el embajador estadounidense Ronald Johnson.
El fragmento tiene raíces históricas. De la Madrid lo escribió en el contexto del asesinato en México del agente de la DEA Enrique Camarena en 1985, cuando Washington y su entonces embajador John Gavin mantuvieron una actitud que el expresidente calificó de abiertamente injerencista. Sheinbaum trazó una línea directa entre ese episodio histórico y el presente.
La reacción de Sheinbaum se originó en declaraciones previas de Johnson. Durante un acto en Los Mochis, Sinaloa, el embajador aludió a que su gobierno podría procesar a funcionarios mexicanos sospechosos de vínculos con el crimen organizado, y subrayó que la corrupción representa un obstáculo para el desarrollo económico y que el T-MEC incluye compromisos específicos en este materia. Al día siguiente llegaron las acusaciones del Departamento de Justicia, amplificando la tensión.
Sheinbaum fue contundente al responder sobre el comportamiento diplomático: un embajador en México, independientemente de qué país represente, "no puede tener una actitud injerencista". Sobre las declaraciones específicas de Johnson, eligió palabras cuidadosas: "son declaraciones desafortunadas". Cuando se le preguntó si constituían una injerencia, respondió: "que cada quien lo califique".
Respecto a las acusaciones contra Rocha Moya, la presidenta fue explícita: "Como presidenta de la República, mi posición ante estos hechos es: verdad, justicia y defensa de la soberanía". Indicó que la Fiscalía General debe recibir pruebas contundentes conforme a la legislación mexicana. "Nosotros no vamos a cubrir a nadie que haya cometido un delito", afirmó, pero también señaló que sin pruebas claras entregadas a México, las acusaciones tienen "un objetivo político".
Sheinbaum cerró su postura enfatizando el respeto mutuo: "Nuestro objetivo no será nunca establecer malas relaciones con el gobierno de Estados Unidos ni con sus embajadores, pero a la presidenta le corresponde garantizar el respeto y la soberanía de México".

