Una acción coordinada entre Estados Unidos y Venezuela terminó con la muerte de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, conocido como “Niño Guerrero”, al frente de la organización criminal Tren de Aragua. La operación se efectuó en un complejo en el sureste del estado Bolívar, una región rica en minerales y con presencia histórica de minería ilegal controlada por pandillas.

El gobierno estadounidense, que considera al Tren de Aragua una organización terrorista, había emitido una recompensa millonaria por información que condujera a su captura. Héctor Guerrero estaba acusado en un tribunal federal de Nueva York por crímenes relacionados con crimen organizado, apoyo a terroristas, violencia y tráfico de drogas, que se extienden en al menos una década.

Según reportes oficiales, el operativo de inteligencia y ataque “rápido y letal” produjo enfrentamientos con miembros de la banda, culminando con la neutralización de Guerrero. El secretario de Defensa estadounidense destacó que esta acción refleja el compromiso compartido entre ambos países para enfrentar a grupos narcoterroristas que utilizan la región como refugio.

El estado Bolívar, colindante con Brasil y Guyana, es una zona estratégica para estas organizaciones criminales debido a sus recursos naturales y su ubicación. Allí, las pandillas han consolidado actividades ilícitas, incluida la minería ilegal, bajo la protección o beneficio de ciertos funcionarios y fuerzas armadas locales.

En el marco de su administración, el expresidente Donald Trump impulsó múltiples medidas contra el Tren de Aragua, incluyendo ataques a embarcaciones acusadas de tráfico de drogas hacia Estados Unidos. Estas acciones forman parte de una política de presión constante para desarticular las redes criminales que operan entre América Latina y Norteamérica.