Las patrulleras del Servicio Marítimo de la Guardia Civil involucradas en la persecución de una narcolancha en aguas cercanas a Huelva permanecen inmovilizadas en la base de Rota a disposición de la autoridad judicial que investiga los hechos. El estado de las embarcaciones refleja la violencia del suceso: la semirrígida, en particular, muestra daños considerables producto de una colisión con la patrullera Río Antasle.

Fuentes oficiales han aclarado que el incidente no fue un simple accidente, sino consecuencia directa de las maniobras evasivas realizadas por los delincuentes. Estas maniobras, que incluyen zigzagueos a alta velocidad, generan olas fuertes que vuelven casi ingobernables las embarcaciones perseguidoras. Un portavoz de una asociación de guardias civiles destacó que la persecución superó los 60 nudos, lo que provocó impactos similares a choques contra materiales duros.

Ambas embarcaciones fueron trasladadas a la base en condiciones críticas, y una estuvo al borde del hundimiento. Actualmente, la investigación judicial toma en cuenta las imágenes captadas por las cámaras instaladas en los cascos de los agentes, que podrían aportar detalles claves para esclarecer lo ocurrido.

Dos agentes que viajaban en la semirrígida resultaron heridos y fueron ingresados en un hospital de Jerez. Uno de ellos evoluciona favorablemente, mientras que el otro, un cabo mayor, permanece en estado grave con fracturas importantes y sedado.

Las muertes de los dos guardias civiles se atribuyen a un fuerte traumatismo craneoencefálico sufrido durante el accidente. Ante esta situación, asociaciones profesionales de la Guardia Civil han exigido un aumento urgente de recursos humanos y materiales para el cuerpo. Además, criticaron al Gobierno por su ausencia en los funerales celebrados en Huelva, donde se rindió homenaje a los agentes fallecidos.