La Secretaría de Educación Pública decidió mantener el calendario escolar tradicional tras una importante respuesta negativa de padres, maestros y especialistas a su propuesta inicial de terminar las clases a inicios de junio.
Esta primera idea, anunciada de forma abrupta, planteaba finalizar el ciclo escolar mucho antes de lo habitual, argumentando como razones el calor excesivo y el Mundial de fútbol. Sin embargo, la medida provocó un rechazo generalizado, ya que el calor no es un fenómeno nuevo en México y el Mundial no impactará por completo en todas las regiones.
Tras una reunión prolongada con autoridades educativas estatales y luego de recibir llamados de figuras políticas, la SEP confirmó que el calendario seguirá con los estándares de días lectivos efectivos, terminando las clases el 15 de julio y reiniciándolas el 31 de agosto.
No obstante, la dependencia dejó abierta la posibilidad de que algunos estados modifiquen fechas dependiendo de condiciones locales como altas temperaturas o dificultades logísticas relacionadas con la Copa del Mundo. Esto significa que si bien el esquema general no cambia, en la práctica algunos alumnos podrían experimentar alteraciones en el calendario.
Este movimiento evidencia cómo la presión social y la coordinación entre autoridades estatales pueden influir en decisiones que afectan a millones de estudiantes en el país.

