El Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció que imputó a Raúl Castro en relación con el derribo, ocurrido en 1996, de dos avionetas que causaron la muerte de sus cuatro tripulantes. Esta acción legal representa un nuevo capítulo en el enfrentamiento entre ambos países y pone en foco el papel histórico del liderazgo cubano.

Fuentes estadounidenses señalan que esta acusación se inscribe en una serie de medidas coordinadas que incluyen posibles ataques contra Irán, según reportes recientes. Además, la tensión se refleja en cancelaciones de eventos y cambios en la agenda de figuras públicas, como la ausencia de Donald Trump en la boda de su hijo, atribuida a motivos relacionados con la situación política internacional.

En Cuba, familiares de Raúl Castro rechazaron cualquier posibilidad de que el exmandatario sea detenido o secuestrado, ante la difusión de noticias sobre esta acusación. La imputación resalta la complejidad de entender el papel de Raúl Castro sin considerar la trayectoria conjunta con su hermano Fidel, con quien compartió décadas de liderazgo revolucionario.

Paralelamente, en Estados Unidos persisten otras noticias de impacto internacional: la amenaza de un brote de ébola con restricciones de vuelos, protestas de inmigrantes en centros de detención y renuncias dentro del círculo cercano al gobierno de Trump.

Las autoridades estadounidenses también anunciaron cambios en las políticas migratorias: quienes posean visas temporales deberán salir del país para solicitar residencia permanente desde sus países de origen, una medida que afecta a cientos de miles de personas.