Estados Unidos se apartó del impuesto mínimo global del 15% acordado por países integrantes de la OCDE, una medida que busca evitar la evasión fiscal de multinacionales y equilibrar la competencia en la inversión internacional. Esta decisión impacta directamente a México, un país altamente receptor de inversión extranjera proveniente de empresas estadounidenses, y pone en riesgo la recaudación tributaria vinculada a las ganancias globales de esas compañías.
El impuesto mínimo global, conocido como Pilar Dos, fue diseñado para consolidar la base tributaria de cada nación y limitar prácticas de planificación fiscal agresiva que reducen la carga impositiva de grandes multinacionales. La salida de Estados Unidos de este acuerdo, anunciada por su secretario del Tesoro, implica que las empresas estadounidenses solo pagarán el impuesto mínimo vigente en su país, excluyéndose de las reglas coordinadas con más de 145 países.
Esto reduce la posibilidad de que México reciba una parte de los recursos que de otro modo podrían redistribuirse mediante este mecanismo. Según datos oficiales, la implementación del impuesto mínimo global tenía el potencial de movilizar una suma significativa de ganancias sujetas a tributación donde operan efectivamente las empresas. La retirada estadounidense afecta esta redistribución y pone en duda los incentivos competitivos para atraer inversiones.
Estados Unidos es el principal inversionista global, con salidas de capital que alcanzaron cientos de miles de millones de dólares en la última década. En México, las compañías estadounidenses representan casi el 40% del total de inversión extranjera directa (IED), con cifras millonarias solo en los primeros meses del año pasado según registros oficiales. Este peso relativo amplifica el impacto de cualquier cambio normativo en la tributación internacional de sus operaciones.
Desde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y la OCDE se monitorea la situación, dado que la erosión de la base tributaria y la competencia fiscal desleal eran dos de las problemáticas que el impuesto buscaba mitigar. La salida de EU abre un frente complicado para México en términos de política fiscal, además de desafiar la capacidad de atraer capital extranjero en un contexto global de reglas divergentes.

