La festividad religiosa de Angangueo convirtió las calles del pueblo en un escenario de luz y color durante la noche del 3 de mayo. La procesión en honor al Señor del Santo Entierro, figura venerada especialmente por los mineros de la región, recorrió las vías cubiertas de aserrín multicolor mientras los vecinos encendían farolas con velas que marcaban el camino.

La jornada comenzó con la misa en el templo de la Inmaculada Concepción, también conocido como San Simón Abad. A partir de las ocho de la noche, una vez concluido el acto religioso, la procesión partió llevando a la Virgen de Dolores y al Señor del Santo Entierro por las calles que los pobladores habían preparado durante todo el día con tapetes de aserrín elaborados con empeño.

AfiliaGo - DafaBet Latam

Los fuegos artificiales fueron el elemento que definió la celebración. La pirotecnia se encendió desde múltiples puntos del pueblo, creando un espectáculo visual que se intensificaba conforme la procesión avanzaba. En varios barrios se desplegaron competencias informales para demostrar devoción mediante los juegos pirotécnicos más espectaculares, generando una lluvia constante de restos de cuetones que obligaba a los asistentes a resguardarse.

El recorrido procesional llegó hasta la Mina del Carmen, donde se había dispuesto un altar. En ese punto culminó el despliegue de pirotecnia, sin restricción alguna para expresar la fe en el Señor del Santo Entierro. Finalmente, la procesión ascendió por las calles del pueblo bañadas en luces de fuegos artificiales y regresó al templo de origen con la misma intensidad spectacular con que se había iniciado.

Los tapetes de aserrín multicolor cumplieron su propósito: fueron destruidos paso a paso bajo los pies de la procesión, su destino marcado desde el momento en que fueron construidos. La festividad combinó elementos tradicionales de devoción religiosa con la expresión popular de la comunidad minera de Angangueo.