Movistar+ lanzó este jueves la serie documental "La Chaparra. Yo nací en una secta", que reconstruye la historia de una comunidad cerrada establecida en Vistabella, Castellón, donde durante 30 años reinó el control absoluto de Antonio Garrigós Lucas, conocido como el tío Toni. El documental de tres capítulos reúne testimonios de víctimas de abuso sexual y exmiembros que describen cómo operaba esta estructura pseudorreligiosa y el proceso de abandono de la finca.
Las grabaciones de las clases en la "escuela del tío Toni" son el material probatorio central del documental. En ellas se escucha al propio Garrigós afirmando que su poder era equiparable al de figuras divinas, interpretando su eventual detención como el cumplimiento de una visión mesiánica. "He cumplido mi visión, vienen los romanos a por mí", se escucha en las grabaciones cuando la Policía llegó a la finca.
La historia comienza cuando Eli, abuela de dos de los protagonistas del documental, conoce a Toni Garrigós tras la muerte de su marido. A través de ella llegan su hijo Carlos y, posteriormente, toda su familia. Eli relata que Garrigós afirmaba ser un enviado de Dios con capacidad para realizar sanaciones imponiendo las manos y comunicarse con espíritus de difuntos. Durante una de esas sesiones, supuestamente el espíritu del difunto marido de Eli le indicó que su dinero era "sucio" y debía entregárselo para adquirir la finca que se convertiría en la Chaparra.
Una vez dentro de la comunidad, Garrigós ejercía un control psicológico exhaustivo. Sara, una de las víctimas, explica que "nos advertía del peligro de salir de la finca. Allí estaba el lado oscuro". Para proteger a los miembros contra esta "negatividad exterior", distribuía mechones de su cabello o pétalos en crucifijos que funcionaban, según su narrativa, como "un chaleco antibalas". Gabriel, hermano de Sara, describe el impacto de la voz de Garrigós: "Con tu voz te bloqueaba, te paralizaba".
Los abusos sexuales comenzaron cuando Sara tenía 12 años. Garrigós la sometía a hipnosis y la obligaba a actos sexuales bajo la justificación de que necesitaba "desbloquearla" para que la energía fluyera libremente. Sara permaneció bajo esta situación hasta los 17 años, cuando encontró el valor para escapar de la finca y denunciar los abusos.
La Audiencia Provincial de Castellón juzgó a seis personas acusadas de asociación ilícita y nueve delitos continuados de abuso sexual a menores entre 12 y 17 años. Garrigós no fue juzgado al haber muerto en prisión. Cinco de los acusados fueron condenados a penas de entre tres años y medio y siete años de cárcel. Todos los condenados han recurrido la sentencia.

