La ingestión de frutas y verduras frescas contaminadas se ha convertido en un foco de infecciones por Cyclospora cayetanensis, un protozoo unicelular que afecta el intestino delgado y genera síntomas duraderos como diarrea líquida, fiebre y distensión abdominal. Este parásito se adhiere a productos agrícolas crudos y escapa a muchos controles sanitarios debido a su ciclo biológico complejo.

El contagio ocurre por vía fecal-oral y es común que se origine a partir de la manipulación incorrecta de alimentos o del contacto con superficies contaminadas. El parásito se transmite cuando una persona infectada no se lava correctamente las manos tras usar el baño y toca objetos o alimentos que luego son ingeridos por otras personas. También es frecuente el contagio a través del consumo de agua contaminada por aguas residuales mal tratadas que se filtran en ríos, pozos o sistemas de abastecimiento.

Además, las frutas, verduras y hortalizas que crecen cerca del suelo y son regadas o lavadas con agua potable deficiente pueden portar ooquistes de Cyclospora. Al introducirse en el intestino delgado, el parásito invade y destruye las células epiteliales, provocando un síndrome de malabsorción que se manifiesta con diarrea persistente y malestar abdominal.

En personas con defensas normales, la infección puede resolverse espontáneamente, pero el proceso suele durar varias semanas, intercalando mejorías y recaídas. Quienes presentan un sistema inmunitario debilitado enfrentan un riesgo mayor de complicaciones y un curso más grave de la enfermedad.

Para prevenir la infección, es fundamental desechar frutas o verduras en mal estado y asegurar una correcta higiene al manipular alimentos, así como consumir agua segura y evitar la contaminación cruzada durante la preparación.