La cirugía ortognática se utiliza para corregir malposiciones de los huesos maxilares que afectan la mordida y la función respiratoria cuando la ortodoncia resulta insuficiente. Esta técnica remodela las bases óseas para lograr un encaje adecuado entre la mandíbula y el maxilar superior.
Además de tratar maloclusiones complejas, la intervención mejora síntomas de apnea del sueño, ya que al mover los maxilares se incrementa el espacio en las vías respiratorias, reduciendo ronquidos y episodios de apnea. Otro motivo frecuente para recurrir a esta cirugía es la afectación de la articulación temporomandibular, que puede sufrir daños tras años de mala mordida.
Por último, la cirugía ortognática se indica también por razones estéticas. Algunos pacientes con oclusión funcional pueden optar por este procedimiento para modificar la proyección facial, perfil mandibular o promover un efecto rejuvenecedor en el rostro.
Se calcula que cerca de un tercio de la población presenta algún tipo de maloclusión que podría abordar la cirugía ortognática, pero la técnica se reserva para casos con síntomas claros, apnea del sueño manifiesta o una motivación estética sólida. En general, estos procedimientos los realizan especialistas en cirugía maxilofacial junto con ortodoncistas.
Una de las indicaciones más frecuentes es la corrección del mentón retraído en pacientes con clase II y retrognatia, acompañado en ocasiones de dificultades respiratorias nocturnas. Este patrón tiene una base genética y suele presentarse en varias generaciones familiares. También puede surgir por un desarrollo inadecuado durante el crecimiento o por desgaste con la edad.
La cirugía se realiza bajo anestesia general y dura entre una y dos horas, dependiendo si se intervienen ambos maxilares —lo habitual— o solo uno. La hospitalización suele limitarse a una noche, y luego el seguimiento es ambulatorio. En algunos casos, se asocian procedimientos complementarios para optimizar resultados funcionales y estéticos.

