Hay días en los que la sensibilidad se dispara, la energía decae y cualquier pequeño estímulo parece amplificarse sin que exista una razón clara. Alberto Ramírez, psicólogo especializado en salud mental, señala que estos cambios emocionales repentinos frecuentemente no están vinculados a eventos externos, sino a procesos internos que pasan desapercibidos. "Si de repente te encuentras mucho más sensible y no sabes por qué, posiblemente estés desregulado biológicamente", explica.

La clave está en los ritmos circadianos, el reloj interno que controla cuándo dormimos, cuándo el cuerpo se prepara para descansar y cuándo necesita estar en alerta. Este sistema no funciona de manera aislada, sino que está estrechamente conectado con la actividad hormonal, particularmente con el cortisol y la melatonina. Por la mañana, el cortisol aumenta para activar el organismo; por la noche, la melatonina sube para facilitar el sueño. Cuando este ciclo natural se ve interrumpido por pantallas hasta tarde, horarios irregulares, estrés constante o exposición a luz artificial nocturna, el equilibrio se quiebra.

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Las consecuencias afectan directamente al cerebro. Según Ramírez, cuando se duerme poco o mal, la amígdala —responsable del miedo y las emociones intensas— se vuelve más reactiva, mientras que la corteza prefrontal —encargada de regular lo que sentimos— funciona peor. El resultado es un sistema nervioso más activado de lo normal, que se traduce en mayor irritabilidad, impulsividad, ansiedad y menor capacidad para relativizar situaciones. "No es que tengas peor carácter", aclara el psicólogo, "es que tu sistema nervioso está más activado de lo normal".

Dormir bien adquiere entonces una dimensión que va más allá de la recuperación física. Ramírez enfatiza que descansar adecuadamente permite al cerebro reorganizar emociones, consolidar recuerdos y reducir la actividad fisiológica. En un contexto donde los hábitos digitales, el ritmo acelerado y los horarios irregulares son cada vez más comunes, el mensaje es claro: respetar los ritmos biológicos es fundamental. Si últimamente todo afecta más, la pregunta que hay que hacerse es a qué hora se está durmiendo, no solo qué está pasando en el entorno.