Detrás de cada corredor que cruza la meta de un maratón hay una estrategia nutricional invisible pero decisiva. No es solo cuestión de acumular kilómetros de entrenamiento: es aprender a alimentar el cuerpo como si fuera una máquina de resistencia, precisa y exigente. Los carbohidratos son el combustible fundamental. El cuerpo los transforma en glucógeno y los almacena principalmente en los músculos y el hígado, pero esa reserva tiene un límite infranqueable.

Uno de los momentos más temidos en una maratón es lo que los corredores llaman "chocar contra el muro". Ocurre típicamente entre el kilómetro 30 y 35, cuando las reservas de glucógeno se agotan casi por completo. En ese punto, el cuerpo que hasta entonces respondía con ritmo y coordinación se vuelve pesado y lento. Las piernas dejan de obedecer con precisión, la mente se nubla y cada paso se siente desproporcionadamente difícil. El organismo, sin su fuente principal de energía, se ve obligado a recurrir a la grasa corporal, un cambio que no es eficiente ni inmediato. Es como intentar mantener encendido un motor diseñado para gasolina usando otro combustible: funciona, pero con dificultad, generando cansancio extremo y mareos.

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Durante las semanas de preparación, la alimentación deja de ser automática para volverse estratégica. Un maratonista incluye en su dieta una alta proporción de carbohidratos —cereales, arroz, pasta, frutas— acompañados de proteínas para reparar el músculo y grasas que sostienen funciones vitales. Pero el timing es igualmente importante. Antes de correr, el cuerpo necesita energía disponible en forma de alimentos fáciles de digerir. Durante los entrenamientos largos y especialmente en la carrera, el corredor entrena su capacidad de alimentarse en movimiento: geles, bebidas isotónicas o azúcares simples que ayudan a retrasar la aparición del muro. Comer mientras se corre no es un lujo sino una técnica de supervivencia.

La recuperación posterior también sigue un protocolo preciso. En una ventana breve después del esfuerzo, el cuerpo está especialmente receptivo para reponer lo perdido: carbohidratos para rellenar reservas y proteína para reparar fibras musculares. En los días previos al maratón, la estrategia se afina aún más mediante la llamada "carga de carbohidratos", que no implica comer en exceso sino ajustar la proporción de nutrientes para maximizar el glucógeno almacenado. Es una preparación silenciosa donde el cuerpo se llena antes de vaciarse. Nadie llega a la meta solo corriendo: también llega comiendo.